Interés General — 27.05.2026 —
Plan Director: el desafío no es sólo reformarlo, sino lograr que la ciudad participe
La primera jornada del nuevo ciclo de charlas reunió a menos de una treintena de asistentes, entre funcionarios, concejales y vecinos. La escasa convocatoria reabre interrogantes sobre la participación ciudadana en un proceso clave para el futuro de la ciudad.
Por Santotomealdía
La reforma del Plan Director vuelve a estar en agenda. Sin embargo, la primera jornada del nuevo ciclo de charlas impulsado por el Municipio dejó una imagen que difícilmente haya pasado inadvertida: el salón principal de la Vieja Usina, que durante los encuentros realizados el año pasado había mostrado una participación mucho más numerosa y diversa, esta vez lució prácticamente vacío.
La situación adquiere relevancia porque no se trata de una discusión menor. El Plan Director es la herramienta que regula el ordenamiento urbano de la ciudad y cuya actualización aparece desde hace años como una necesidad ampliamente reconocida por distintos sectores políticos, técnicos e institucionales. Se trata de una ordenanza vigente desde la década del 70 que, con el paso de casi medio siglo, quedó ampliamente superada por las transformaciones urbanas, económicas y sociales que experimentó la ciudad.
Entre noviembre y diciembre del año pasado, las jornadas iniciales convocaron a vecinos, profesionales, instituciones, dirigentes políticos y representantes de distintos sectores de la comunidad. También generaron cuestionamientos de la oposición respecto de los mecanismos de participación y del acceso a la información vinculada al proceso. Más allá de esas diferencias, el debate parecía instalarse en la agenda pública.
Por eso llamó la atención lo ocurrido este martes durante la reanudación del ciclo. La asistencia total rondó entre 25 y 30 personas, incluyendo al intendente, funcionarios municipales, integrantes de la Comisión de Reforma del Plan Director. De hecho, además de Weiss Ackerley y funcionarios de distintas áreas, sólo estuvieron presentes tres concejales, todos pertenecientes al bloque oficialista.
La participación de vecinos, instituciones intermedias, entidades profesionales y dirigentes políticos de otros espacios fue prácticamente inexistente. El dato quedó reflejado también en el tramo destinado a las exposiciones públicas vinculadas a la reforma: únicamente dos personas se inscribieron para tomar la palabra.
La baja concurrencia abre inevitablemente una serie de interrogantes. ¿Qué ocurrió con las organizaciones, instituciones y vecinos que participaron activamente de las jornadas del año pasado? ¿La convocatoria alcanzó la difusión necesaria para una discusión de esta magnitud? ¿Existe interés ciudadano por el proceso o, por el contrario, el debate perdió impulso? ¿Qué mecanismos pueden implementarse para ampliar la participación?
Las preguntas adquieren aún más relevancia si se considera que el expositor principal de la jornada, el arquitecto urbanista Álvaro García Resta, presidente de la Sociedad Central de Arquitectos y ex secretario de Desarrollo Urbano de la Ciudad de Buenos Aires, insistió durante su presentación en la importancia de construir políticas urbanas a partir de la escucha de los distintos sectores de la comunidad.
A lo largo de su exposición, García Resta remarcó la necesidad de comprender los procesos urbanos desde una mirada integral y sostuvo que las políticas públicas deben construirse a partir del conocimiento de las necesidades, demandas y expectativas de quienes habitan la ciudad. Una definición que, inevitablemente, vuelve a poner el foco sobre el alcance real de las instancias participativas.
La discusión de fondo va mucho más allá de una charla con mayor o menor asistencia. Lo que está en juego es la construcción de una herramienta que ordenará el crecimiento de la ciudad durante las próximas décadas. Por esa razón, la calidad del proceso participativo resulta tan importante como el contenido final de la reforma.
No hace falta esperar el texto definitivo para identificar uno de los principales riesgos. Si la actualización del Plan Director no logra incorporar de manera efectiva las miradas de vecinos, instituciones, sectores productivos, profesionales, organizaciones sociales y fuerzas políticas, difícilmente pueda consolidarse como una verdadera política de Estado. Y una reforma de estas características requiere precisamente eso: trascender a una gestión municipal y expresar una visión compartida sobre el futuro de la ciudad.
La modernización del Plan Director es una deuda pendiente desde hace años y existe un amplio consenso sobre la necesidad de concretarla. Sin embargo, si el proceso termina limitado a los ámbitos técnicos y a la mirada del gobierno de turno, la ciudad corre el riesgo de desaprovechar una oportunidad histórica. Porque la discusión no consiste únicamente en actualizar una ordenanza de casi medio siglo de antigüedad, sino en definir colectivamente qué ciudad se quiere construir para las próximas décadas.







