Deportes — 11.07.2018 —

Croacia, nuestro otro verdugo finalista

El equipo dirigido por Dalic emocionó, jugó y se metió por primera vez en su historia en la final de una Copa del Mundo.

Por: santotoméaldía / Fuente: Clarín

Está prohibido cerrar los ojos. Resulta un desperdicio no mirar. Es un momento sublime, para gozar. Todo de la mano de esos croatas valientes en el esfuerzo, pero mucho más en el juego. Se acaba el partido. Es la explosión. Es para ver y sentir. Mandzukic, el del gol de la victoria ya reemplazado, corre desde el banco hacia la cancha llevando a upa y exaltando a Modric, al fenómeno, a un futbolista total, al que reinventó a su equipo pidiendo la pelota y moviéndose, ofreciéndose al toque y a la descarga.

Ahora festejan todos detrás del arco de los dos goles de la hazaña. Pero hay uno que falta. Que no llega porque no puede caminar. Es Perisic, el dueño del primer grito y el que abrió el segundo, el que no paró de ir y de venir, de lastimar, si hasta arengó a su gente cuando se advertía que Inglaterra estaba superada por esa furia croata.

Vale la pena el Mundial. Tiene fantasía. Tiene un cuento. Y te lo cuenta Croacia. A esta aventura rusa marcada por los goles de pelota parada, por la receta con la que Francia ya había saltado a la final y con la que Inglaterra había empezado a mandar desde bien temprano en el resultado, Modric y compañía le contraponen el atrevimiento para proponer una construcción distinta. Se aferró a la pelota Croacia y se les rebeló a los inventores de este juego sensacional hasta darlos vuelta, hasta ponerlos de rodilla. Fue una lección de fútbol, de hambre y de coraje.

Sin palabras se quedó Inglaterra, una selección joven, fresca, gestada desde el poder económico de la Premier League, con las influencias de Pochettino y de Guardiola que acepta su técnico Southgate, con una idea saludable pero desbordada por la ambición croata que fue creciendo a medida que avanzaba el partido.

Entre todas las virtudes que Inglaterra sabe explotar, también se hallan las jugadas con pelota detenida. Por eso a los cinco minutos ya ganaba con un tiro libre fabuloso, a un ángulo, de un hombre de Pochettino, el carrilero derecho Trippier. El primero por esa vía, para sumarse a cuatro que habían llegado luego de córners y a otros tres de penal. Ocho de once a partir de situaciones con la redonda quieta.

La primera media hora, sin dudas, fue el momento inglés. Sin deslumbrar, pero con convicción, sosteniendo el ritmo y la ambición, dos veces lo tuvo Kane en una misma jugada al final anulada por un offside inexistente. Y Lingard, de frente al arco, pateó afuera tras una pausa celestial de Dele Alli.

A Croacia el tiro libre de Trippier le alteró sus planes. Después de haber dejado en el camino a Rusia y con el desgaste acumulado por los alargues jugados en las series de octavos contra Dinamarca y de cuartos frente a Rusia superadas por penales, el técnico Dalic imaginó un partido para no perder el mediocampo. Por eso apeló a los mismos hombres y a la misma estrategia que había utilizado contra Argentina: sacó a un delantero como Kramaric y puso a un volante de contención como Brozovic para ubicarse como vértice más retrasado del triángulo que completaban Rakitic y Modric.

Intentó Croacia equilibrar el resultado manejando la pelota, moviéndola, pero sin demasiada profundidad. Modric y Rakitic la administraban. Rebic por la derecha y Perisic por la izquierda trataban de erosionar. Pero a Mandzukic adentro no lo descubrían. Por eso no hubo chances claras croatas en la etapa inicial a pesar de ostentar la posesión, apenas situaciones que quedaron en aproximaciones por cierres justos de Stones y de Young y porque Rakitic no halló ángulo para patear tras una salida apurada de Pickford con los pies.

Ninguna oportunidad de Croacia había sido tan nítida como ese tiro de Perisic que iba a la red y rebotó en Walker, en una acción que se había construido por la movilidad de Modric. Esa búsqueda, si bien no era brillante, merecía algo más. Y al ratito de ese flash, los dos mismos protagonistas con epílogos inversos: Perisic anticipó a Walker y mandó a la red el centro de Vrsaljko. Y enseguida el palo le negó el segundo a Perisic.

Southgate metió a Rashford por el inadvertido Sterling para recuperar oxígeno arriba. Lo perdió Lingard. Pero Croacia ya manejaba el mediocampo con un Modric descomunal y con un Perisic filoso. Así Mandzukic sacudió las manos de Pickford. Así Perisic, sin arquero, la tiró por arriba.

Como ninguno había exprimido su momento, representaba un acto de justicia la instancia del alargue, el tercero que recorrían los croatas y el segundo de los ingleses.

Con otra pelota parada, con un córner, casi lo gana Inglaterra: cabeceó Stones y Vrsaljko la sacó en la línea. Igual más hambriento parecía Croacia: con Kramaric (delantero) por Brozovic (volante de marca), no quería los penales. Perisic se lo sirvió a Mandzukic, pero Pickford lo tapó. Pero en el segundo tiempo del alargue, no hubo arquero que frenara ese tiro de Mandzukic, tras la peinada de Perisic y la lenta reacción de Stones.

La final la jugarán las dos selecciones que aplastaron a Argentina. Francia y su calculadora se la ganaron en San Petersburgo. Aquí, ahora, lo hicieron Croacia y sus emociones.

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