Santo Tomé — 05.12.2018 —

El Foro de Integración y Desarrollo Regional se expresó sobre el G20

El espacio que lidera Carlos Clemente brindó su análisis sobre la cumbre de líderes mundiales que se realizó en argentina.

Por: santotoméaldía /

El Foro de Integración y Desarrollo Regional se expresó sobre el G20. A través de un comunicado, el espacio encabezado por Carlos Clemente hizo un análisis sobre el encuentro que se realizó en nuestro país y por el cual llegaron líderes mundiales a Argentina el pasado fin de semana.

A continuación el documento, elaborado por Felipe  Maillier, Licenciado en Relaciones Internacionales, e integrande del FIDR:

Originalmente creado para establecer reglas de largo plazo que tiendan a la estabilidad económica y financiera, bajo regímenes que propicien principios de consenso y multilateralismo, el G-20 se consolidó como un foro de discusión, de alto nivel, de las políticas internacionales. 

Si traducimos el peso global de la cumbre a porcentajes, su importancia actual es ineludible. Se concentraron en Buenos Aires los líderes que representan el 85% del producto bruto mundial, el 65% de la población y el 75% del comercio internacional. Ante este hecho, no se puede negar el interés que el foro genera, así como las expectativas para los distintos países participantes, especialmente para Argentina como anfitrión oficial. 
 

Recordemos que la cumbre de este año llegó en un momento particularmente complicado para el comercio mundial, donde gran parte de las miradas se centraba en la competencia entre Estados Unidos y la República Popular China por los aranceles, y donde el “Brexit” generaba suspicacias entre los países europeos. Podemos sumar, de igual manera, el aumento de las tensiones entre Rusia y Ucrania, y la polémica en torno al Príncipe de Arabia Saudita como factores contextuales que podían incidir en el desarrollo del G-20 y los posibles acuerdos que tuvieran lugar durante su desarrollo. 
 

En paralelo, la seguridad durante el evento era otra cuestión a tener en cuenta. Las marchas anti-globalización emergían como una posibilidad y ponían en tela de juicio la capacidad de Argentina para hacer frente a la organización de una cumbre de significativa magnitud.   
 

Ante distintos escenarios hipotéticos, la realidad es que, en términos generales, la cumbre dejo un saldo positivo. 
 

A nivel internacional se disipó el temor por mayores fricciones en las disputas comerciales que llevan adelante Washington y Pekín, tras el pacto acordado entre Donald Trump y Xi Jinping de frenar una imposición de aranceles que parecía inminente. Estados Unidos tenía previsto establecer aranceles a la importación de productos chinos por más de 200.000 millones de dólares a partir de 2019. Además, China aceptó aumentar las importaciones norteamericanas para bajar el déficit comercial bilateral que tanto preocupa a la Casa Blanca.
 

Otro importante foco de atención fue la firma del nuevo acuerdo de libre comercio entre Estados Unidos, Canadá y México (TMEC), que viene a remplazar al antiguo NAFTA, aunque todavía se debe esperar la aprobación de los congresos de estos tres países. En principio, Donald Trump lo calificó como un “moderno y equilibrado tratado comercial”, mientras que existen dudas sobre la posición que tome el nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quién, en simultaneo a la cumbre, tomaba posesión de su nuevo cargo.  
 

Por otra parte, el logro de un documento final como cierre del G-20 resulta un elemento a destacar ya que avanza en un mínimo de consenso general en varias direcciones. En sus páginas se subraya que "la educación es un derecho humano", se expresa el compromiso de "enfrentar los desafíos de la seguridad alimentaria" y asegura que "la igualdad de género es crucial" para un "desarrollo justo y sostenible". Si bien lo hace en forma limitada, también reconoce que “el comercio internacional presenta problemas” y plantea la necesidad de reformar la Organización Mundial del Comercio (OMC) a efectos de que sus decisiones tengan un mayor efecto en la realidad.
 

Un punto de interés que se puede considerar de forma ambivalente es aquel referido a la protección medioambiental. El comunicado final del G20 refleja que la discusión sobre el cambio climático continúa estancada. A pesar de que 19 miembros ratificaron el Acuerdo de París para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, Estados Unidos mantuvo su explícita renuncia. Sin el consenso de la potencia norteamericana, aún no se visibiliza una estrategia cuyos alcances sean de orden global. 
 

La conclusión del foro con el documento final es vista en buenos términos, no tanto por el alcance del mismo, que podría catalogarse como mínimo, sino más bien por las pocas expectativas previas que existían. Más aún si nos retrotraemos al G-20 del año pasado, en Alemania, donde las diferencias entre las principales potencias impidieron la formulación de un texto de cierre que imprima, al menos, una guía básica de entendimiento político.   
 

En cuanto a la Argentina, se destaca la serie de acuerdos comerciales, de infraestructura y de cooperación aduanera durante la reunión que mantuvieron los presidentes Mauricio Macri y Xi Jinping, en Residencia de Olivos. Se avanzó en materia de inversión para proyectos de Participación Pública y Privada (PPP) en rutas y energía, y sobre apertura de mercados para carne ovina y equinos en pie.  La nómina de 30 acuerdos incluye, asimismo, convenios en materia de bienes culturales, reconocimiento de títulos superiores, cooperación cultural, ciencias sociales, cooperación en materia de lucha contra la corrupción, medio ambiente, medios públicos, seguridad y capacitación pública.
 

Como corolario, se firmó una ampliación del intercambio de monedas (Swap) por casi 9.000 millones de dólares, rubricando así, una herramienta que viene siendo puesta en marcha desde la segunda gestión de Cristina Kirchner. 
 

Argentina también acordó sobre varias temáticas con Estados Unidos en el marco de las reuniones bilaterales, donde sobresalen entendimientos para fortalecer la inversión en infraestructura, cooperación energética, y la promoción de la seguridad operacional en la aviación. 
 

En definitiva, tras 17 encuentros bilaterales con casi todos los mandatarios que visitaron Buenos Aires, el gobierno argentino llevó adelante una agenda que, a primeras luces, puede repercutir favorablemente en sus objetivos de desarrollo y de búsqueda de inversión y financiamiento. El tiempo nos permitirá conocer la profundidad de las negociaciones realizadas y observar si estas se traducen en elementos tangibles para la sociedad. 
 

Podemos resumir que, por el momento, el desarrollo armónico que tuvo la cumbre en términos de seguridad, más allá de algunos hechos menores, posibilitó un escenario de potenciales oportunidades. No debería considerarse secundario ocupar, al menos temporalmente, parte de la atención y el interés mundial. 

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